¿Sabes que por un huevo de menos de 15 centímetros de altura se han pagado casi 26 millones de euros y por tres veces en la historia ha alcanzado precios de récord en subasta? No, en el precio de este huevo no tienen nada que ver ni la gripe aviar, ni el IPC, ni el foodismo de lujo, sino el encanto y misterio de una pieza de joyería única como no hay otra en el mundo.
El pasado 6 de diciembre Christie’s subastó el Huevo de Invierno Imperial de Fabergé junto a otras 50 piezas del artista, y el precio de remate que alcanzó en libras esterlinas es el equivalente a 30 millones de dólares, convirtiéndose en el récord mundial pagado por una pieza del artista joyero Fabergé en una subasta. Alguien, a cambio, se llevó una pieza de joyería artística única con una historia de los más sorprendente. No era la primera vez que este huevo alcanzaba un precio récord. ¿Quieres conocerlo y descubrir su historia?
Cómo es el Huevo Imperial de Invierno de Fabergé.
Contemplar el Huevo Imperial de Invierno de Fabergé impresiona y emociona. No en vano está considerado una de las más suntuosas creaciones del maestro Fabergé. En 14,2 centímetros de altura este huevo finamente tallado en cristal de roca contiene ¡más de 4.500 diamantes! Es una obra única, delicada y original fruto de la destreza artística y la creatividad desbordante de un genio.
A esta pieza se la conoce como Huevo de Invierno por su evocador diseño con motivos de copos de nieve de platino en el que están engastados una serie de preciosos diamantes de talla rosa. También son de diamantes engastados los dos bordes decorativos del exterior del huevo que en realidad ocultan con maestría la bisagra lateral que abre el huevo para descubrir la sorpresa oculta en su interior. El huevo de invierno está rematado por una piedra lunar fechada en 1913 y su sorpresa oculta simboliza el renacer tras el frío y el hielo invernal en una alegoría del deseo de vida, renovación y renacimiento para la Familia Imperial Rusa.
¿Y cómo es esa sorpresa oculta? Una maravilla de 8,2 centímetros de altura suspendida en un gancho de platino, una delicada miniatura artística que representa una cesta de platino enrejada con dos asas y que contiene unas flores invernales con pétalos de cuarzo blanco, hojas de nefrita, un granate demantoide verde como corazón de cada flor y detalles de oro en estambres y tallos con un fondo grabado de escarcha y musgo elaborado en oro. ¡Ahí es nada!
El periplo del Huevo de Invierno de Fabergé en su primer siglo de vida.
La historia del Huevo Imperial de Invierno es de lo más curiosa. Fué uno de los últimos huevos de Fabergé, ya que se encargó en 1913, solo cuatro años antes del Huevo de la Constitución, el último creado por Fabergé para el zar antes de la Revolución Rusa y que quedó incompleto.
El Huevo de Invierno fue encargado por el que a la postre sería el último zar de Rusia como regalo de Pascua para su madre la emperatriz, en una tradición que había iniciado años atrás su progenitor. Por aquel entonces el huevo se valoró en 24.600 rublos. Como parte de la colección personal de la emperatriz viuda, el huevo se guardaba en el Palacio Anichkov de San Petersburgo, pero los acontecimientos de 1917 cambiaron su destino y el Gobierno Provisional ordenó trasladar la pieza a la Armería del Kremlin, a fin de resguardarlo e impedir que fuera sacado del país o se perdiera su rastro.
Con las aguas más calmadas el Huevo de Invierno fue transferido a Gokhran, la agencia soviética de tesoros estatales en 1922 y allí permaneció bajo su custodia hasta que la Unión Soviética decidió su venta, que tuvo lugar entre 1929 y 1933. Entonces lo adquirió a la firma londinense Wartski por 450 libras, un precio que se multiplicó por más de tres en poco tiempo, cuando en 1934 fue adquirido por Napier Sturt por 1.500 libras.
Posteriormente, perteneció a Sir Bernard Eckstein, un gran coleccionista de arte con negocios en África. En 1949, un año después de su fallecimiento, sus herederos lo subastaron en Sotheby’s en Londres y pasó a formar parte de la colección de Arthur Bryan Ledbrook tras un pago de 1.700 libras esterlinas. Y allí permaneció durante 45 años hasta noviembre de 1994, cuando un fideicomiso lo vendió en Christie’s Ginebra por 7.263.500 francos suizos, lo que en ese momento supuso un récord mundial para una pieza de Fabergé. Este fue solo el primero de los tres precios récord que a día de hoy ha alcanzado el Huevo Imperial de Invierno. ¡Quién sabe si habrá un cuarto en el futuro!
Los precios récord de remate en subasta del Huevo de Invierno Imperial de Fabergé un siglo después de su creación.
Por el Huevo de Invierno se han pagado en la última subasta 22,89 millones de libras esterlinas, al cambio unos 26 millones de euros o 30 millones de dólares. Es un precio de récord en una subasta de obras de Fabergé que impresiona, claro que sí. Pero, ¿es caro o barato? Cada uno podemos tener nuestra opinión, pero en términos objetivos es imposible decidirlo. Los huevos de Fabergé son una joya de la historia y este, además, contiene más de 4.500 pequeños diamantes.
¿Cómo se mide, calcula y valora el precio del arte, la exclusividad, la historia, el trabajo artesano, la imaginación desbordante de unos de los joyeros creativos más reconocidos y el deseo de poseer una pieza enigmática encargada, diseñada y fabricada en un mundo que ya desapareció para no volver?
Aunque parezca feo hablar de dinero cuando se trata de arte, lo cierto es que es un récord y merece ser destacado. No es que sea una sorpresa exactamente, pues hace solo tres años y medio, en abril de 2022, este huevo ya fue subastado por lo que entonces fue su segundo precio récord. Pero nada comparable al actual pues, en aquel entonces, se pagó por él poco más de 9 millones y medio de libras esterlinas.
¿Te imaginas contemplar cada día un huevo de Fabergé, colocarlo en un lugar privilegiado de tu casa o regalarlo a alguien en una ocasión especial? Partiendo de cero, para reunir el monto pagado por el huevo una persona podría jugar a la lotería nacional de Navidad y si le tocase el primer premio en un décimo solo tendría que esperar que se repitiese su suerte durante las 65 siguientes navidades. ¡Y eso sin descontar impuestos!
Impresiona, es cierto. Pero no hace falta ser multimillonario para rendirse a su encanto atemporal. En Vintage by López Linares estamos fascinadas con ellos y por eso creamos nuestra propia colección de colgantes inspirados en los huevos de Fabergé. Son unas piezas de joyería estilo Art Decó con las que completar cualquier estilismo de un modo original y encantador. Y un regalo inesperado para dejar boquiabierto a alguien especial. Si quieres, puedes pasar por nuestra web y conocer todos los modelos de diferentes colores, tamaños y diseños.
Carola López-Linares
Carola del Alisal López-Linares es CEO de Vintage by López-Linares. Licenciada en ADE por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Marketing por la Universidad de California, Berkeley, cuenta con experiencia internacional en el sector del marketing digital, estrategia de marca y analítica de datos.
Antes de liderar la empresa familiar, trabajó en España y Estados Unidos desarrollando campañas de publicidad y branding para compañías educativas, lifestyle y de gran consumo. Apasionada del marketing, la historia y la artesanía, hoy combina su visión estratégica con el amor por la joyería vintage para hacer de Vintage by López-Linares una marca de referencia.
En este blog comparte su conocimiento sobre joyas, inspiración histórica, tendencias y el día a día detrás de una firma con alma.


