Como una pequeña rama rescatada de un jardín encantado, el Broche Altea combina la delicadeza de las flores silvestres con la riqueza ornamental de la joyería de finales del siglo XIX. Sus hojas doradas, trabajadas con minuciosos detalles, envuelven una luminosa perla barroca central, mientras pequeñas perlas y ópalos aportan destellos iridiscentes que evocan el rocío de la mañana.
Realizado en una aleación de plata y cobre con acabado dorado, este broche destaca por su composición orgánica y romántica, inspirada en la naturaleza y en las joyas que adornaban los refinados salones de la Belle Époque.