La Princesa de Éboli: Os contamos la vida de esta misteriosa mujer.

La Princesa de Éboli

Hoy vamos a hablaros de una misteriosa mujer sobre la que se ha especulado hasta la saciedad, con una vida que ha dado para varias series y películas de éxito. Vamos a intentar conocer un poco mejor a una de las mujeres más influyentes del S. XVI y que terminó su vida tristemente confinada, disfrutando de apenas una hora de luz al día. Se trata de La Princesa de Éboli.

En Vintage by López-Linares nos pareció tan curiosa e interesante su vida que cuando vimos en uno de los cuadros de la Princesa de Éboli los maravillosos pendientes que lucía nos decidimos a reproducirlos. Nos referimos al retrato atribuido a Sanchez Coello que os mostramos a continuación.

Nos ha encantado reproducir los pendientes de la princesa de Éboli dorados, una joya vintage que una mujer actual puede lucir en múltiples ocasiones y que nos ha acercado más a la figura de esta enigmática dama.

Y tanto nos han fascinado que no hemos podido parar ahí. También hemos creado los pendientes de la Princesa de Éboli de ágata beige y los pendientes de la Princesa de Éboli de jade verde. Os dejamos los enlaces a la web por si queréis ver más fotos.

¡Pero vamos con la vida de esta mujer!, la famosa princesa tuerta del Renacimiento que estamos seguras que os va a impresionar.

 

Quién fue la Princesa de Éboli.

Ana de Mendoza de la Cerda y de Silva y Álvarez de Toledo era descendiente directa del poeta marqués de Santillana, bisnieta del cardenal Mendoza y sobrina del duque del Infantado, una de las mujeres con más abolengo, fortuna y títulos de su época.

Esta controvertida, inquietante y enigmática dama de la Corte de Felipe II a la que todos conocemos como la princesa de Éboli es la protagonista de nuestro post de hoy y la dueña de una de nuestras más queridas joyas históricas.

Los primeros años de vida de Ana Hurtado de Mendoza

Nació el 20 de junio de 1540 en Cifuentes, Guadalajara. Fue hija de Diego Hurtado de Mendoza – virrey de Aragón, y Cataluña y presidente del Consejo de Italia – y de Catalina de Silva, hija de los condes de Cifuentes.

Su infancia quedó muy marcada por la mala relación entre sus padres, un mujeriego crápula y una mujer de religiosidad exacerbada aficionada a los embrujos y rodeada de astrólogos. Protagonizaban continuas peleas y su relación culminó en una dramática separación.

En estas circunstancias se entiende que Ana de Mendoza sintiera una gran alegría y alivio por marcharse de su casa cuando el propio Felipe II la propuso desposarse con tan solo 12 años con Ruy Gomez de Silva, su secretario y amigo personal. Ruy tenía 24 años más que ella y ya era un hombre de reputada posición y gran fortuna.

¿Cómo se quedó Tuerta la Princesa de Éboli?

Ana solía lucir un parche en el ojo y así se la pintó en diversas ocasiones. Existe una carta en la que informan a Ruy del estado de su esposa cuando tenía tan solo trece años al sufrir un accidente, aunque no se especifica, podría ser un accidente de esgrima.

Siglos después, un análisis exhaustivo del retrato de Ana de Mendoza atribuido falsamente a Alonso Sánchez Coello permitió a Gregorio Marañón concluir que, la princesa jamás fue tuerta, que el parche que luce en la pintura no trasluce la oquedad de una cuenca vacía, sino más bien un ojo con leucoma y que su aspecto era tan feo, opaco, saliente y torcido que exigía el uso de un parche, que ella supo usar a su favor para añadir misterio y encanto a su belleza.

El matrimonio de Ana de Mendoza y Ruy Gomez de Silva.

El matrimonio se concertó en 1552 pero los esponsales no se consumaron hasta que Ana tenía 17 años, cuando Ruy volvió de las campañas en 1557.

Ruy compró a su suegro la villa de Éboli en Italia y así consiguió de su amigo el rey el título de Príncipe de Éboli.

Posteriormente compró las villas de Estremera, Valdaracete y Pastrana, siendo nombrado Duque de Estremera, y de Pastrana con Grandeza de España. Juntos, Ana y Ruy actualizaron cultivos y trajeron moriscos con la idea de que iniciaron allí una floreciente industria. Lograron una feria anual con privilegios especiales y fundaron la Iglesia Colegial de Pastrana junto con dos conventos de Carmelitas con Santa Teresa de Jesús.

Para que os hagáis una idea Ruy gastó en las compras el equivalente a cuatro años de la renta del Duque del Infantado. ¡Una fortuna para la época! .

Con Ruy, Ana de Mendoza tuvo 10 hijos de los que sobrevivieron 6.

Parece que fueron un matrimonio feliz que duró 13 años, en los que Ana tuvo una vida estable. Pero todo cambió con la repentina muerte de su esposo.

La vida de la Princesa de Éboli en el convento: el gran giro tras quedarse viuda.

Los problemas comenzaron cuando decidió retirarse primero a una celda y luego a una casa en el huerto del convento de las carmelitas de Santa Teresa de Jesús de Pastrana, que ella misma había fundado y por el que había tenido importantes diferencias con la Santa.

Llevar una vida de recogimiento no fue lo que creó el problema, pero sí su exigencia de que sus doncellas fueran acogidas como novicias y se les permitiera recibir visitas casi como si de su palacio se tratara.

Así llegó el caos al convento. Alterados los hábitos de recogimiento de las hermanas, abandonaron el lugar en la noche para recogerse en Segovia dejando a la princesa totalmente sola. No lo supo hasta que se levantó y vio que no había nadie más con ella.

El mismísimo Rey Felipe II tuvo que poner orden en el asunto y la mandó llamar a la corte.

Ana se instaló en su palacio de Madrid, ocupándose de sus hijos y de la gestión del enorme patrimonio heredado de su marido y de su padre. Y aquí es donde se encontró con los dos hombres que cambiaron el rumbo de su vida: Antonio Perez y Juan Escudero.

¿Qué le pasó a la princesa de Éboli? Problemas políticos y escándalo amoroso.

Ana se metió de lleno en una intriga política de la que no pudo salir. Por ello, la Princesa de Éboli estuvo encerrada casi 13 años. En este embrollo también estaban Antonio Perez y Juan de Escobedo.

Antonio Pérez fue secretario del rey después de la muerte del Príncipe de Éboli y de hecho se decía que era hijo suyo. Solo era seis años mayor que Ana y no se sabe realmente si su relación fue una cuestión de amor, de política o de búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que enviudó.

Juan de Escobedo era secretario personal de Don Juan de Austria, gobernador de Flandes y hermanastro bastardo del rey.

Ana se convirtió en confidente de la reina Isabel de Valois, el gran amor de Felipe II, razón por la que su relación con el rey se volvió aún más estrecha. Antonio, Juan y la propia Ana pertenecían a la facción más “liberal” de palacio, como Don Juan de Austria y eran partidarios de pactar con los rebeldes holandeses. Pero las rivalidades personales y los asuntos de amores se antepusieron a las ideas sobre política internacional. Los tres emplearon manipulaciones, secretos, mentiras y todo tipo de ardides.

¿Por qué encerraron a la Princesa de Éboli?

Don Juan de Austria fue acusado de alta traición hacia el Rey Felipe II y Juan de Escobedo, su secretario, viajó desde Flandes a Madrid para aclararle al monarca este punto. Pero en su exposición incluyó los rumores de los amoríos de Antonio Pérez con la princesa de Éboli para volver al rey en contra de su rival.

Escobedo debió disponer de pruebas muy comprometedoras, pues a los pocos días unos espadachines acabarían con su vida a estocadas durante la noche.

La familia de Escobedo acusó a Pérez y a la princesa de Éboli del asesinato.

Al principio el rey ignoró las acusaciones, pero terminó ordenando una investigación que se salió de los aspectos legales, entrando en los sentimentales. De aquí salió la acusación a Pérez del asesinato de Escobedo, así como de otros turbios manejos.

El informe dio por buenos los rumores sobre la relación de Antonio Pérez y la Princesa de Éboli por lo que pasó a ser considerada la amante de un personaje caído en desgracia frente al rey.

Ana se volvió tremendamente desafiante ante el rey. Le envió durísimas cartas en las que le emplazaba a lavar su honor. En una de ellas escribió que “el Rey sabía tan bien la verdad que no debía pedir testigos sino a sí mismo”.

El rey se negó a leer más cartas de Ana de Mendoza y el 28 de julio de 1579 ordenó la detención de la princesa de Éboli y de Antonio Pérez, separándolos para que no pudieran comunicarse.

La princesa fue enviada a la torre del castillo de Pinto y privada de la tutela de sus hijos. Allí comenzó a cumplir una pena de prisión sin juicio, por la mera voluntad del rey. Después fue encerrada en el castillo de Santorcaz y de allí fue enviada a su palacio ducal de Pastrana en la primavera de 1581.

En su palacio la princesa de Éboli retomó la vida de lujo y recibió visitas. Pero al poco tiempo Antonio Pérez consiguió fugarse a Aragón, y de allí a Francia.

Ante el peligro de que Ana también huyera, el rey ordenó que se cambiara su régimen de prisión atenuada a confinamiento en unas pocas habitaciones, sin salir y sin recibir visitas.

Acompañada por su hija menor y varias criadas, únicamente estaba autorizada a asomarse a una ventana enrejada con vistas al exterior una hora al día, en un régimen de reclusión tan estricto que Ana fue dando crecientes muestras de inestabilidad psíquica. Por ello el rey decidió privarla de la gestión de su patrimonio, concediéndole esa responsabilidad a su hijo mayor.

Sin haber llegado a ser juzgada y tener la ocasión de defenderse, el 2 de febrero de 1592, a los 52 años de edad, murió la princesa de Éboli, que fue enterrada bajo la cripta bajo la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción en Pastrana.

Y este es el triste final de una mujer de carácter dominante y altivo, rebelde y apasionada, heredera de títulos y propiedades, quiso el destino que muriera confinada y sola.

Seguro que ahora ya entiendes por qué nos fascinó su vida y sentimos el impulso de reproducir sus pendientes. ¿Conocías a esta mujer y su historia?

 

María López Linares Joyera
María López Linares

María López-Linares, especialista en joyería y antigüedades. Responsable y joyera desde 1993 de "Vintage by López-Linares", donde diseña y fabrica joyas inspiradas en piezas históricas y vintage. Su pasión por las antigüedades nació en su infancia, acompañando a su padre en la búsqueda de tesoros en el Rastro de Madrid. A lo largo de los años, María ha conseguido transformar y adaptar el pequeño negocio familiar hasta convertirlo en una joyería de éxito.

Además de su amor por la joyería, le apasionan la fotografía y el cine, dos artes que influyen en su manera de captar la belleza y la historia en cada una de sus creaciones.

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