¿Sabías que un buen número de las piezas de joyería más vistosas que lucían las socialités millonarias del periodo de entreguerras eran parte de las joyas imperiales de los Romanov que se salvaron de la Revolución Rusa y llegaron a París?
¿Y que la corona británica, entre otras casas reales europeas, adquirieron joyas de los Romanov a un precio irrisorio después de que fueran sacadas de Rusia con gran riesgo para quienes participaron en ello?
En un periodo histórico peligroso y lleno de avatares, las valiosísimas e impresionantes joyas de los Romanov que lograron salir de Rusia fueron los objetos de deseo de los grandes aficionados a la joyería artesanal de alta calidad. ¿Te apetece conocer más sobre esta parte tan intrigante de la historia? ¡Acompáñanos!
En Vintage by López Linares nos parece una historia apasionante y nos fascina la belleza y el gran trabajo artístico y artesanal de joyas de la familia imperial rusa. De hecho, en ocasiones nos hemos inspirado en algunas de ellas para crear piezas como nuestra colección de huevos de Fabergé.
Qué eran las joyas imperiales de los Romanov
Era la fastuosa y valiosísima colección de joyas que acumularon los zares de Rusia durante sus 300 años al frente del país. En tres siglos lograron reunir una de las colecciones de gemas y piezas de joyería más grandes, originales, opulentas y suntuosas del mundo.
En ella había coronas, tiaras, pulseras, broches y otras piezas de diamantes, esmeraldas, rubíes, oro, platino, zafiros, perlas y otros materiales. ¡E incluso los históricos huevos de Fabergé!
Algunas de estas joyas habían pertenecido a miembros de la familia tan conocidos aún hoy en día como Pedro I «El Grande», Catalina «La Grande» o la Gran Duquesa Anastasia.
Qué pasó con las joyas imperiales de los Romanov cuando estalló la Revolución Rusa
Cuando estalló la Revolución Rusa y se extendió por todo el país, las joyas imperiales de los Romanov sufrieron una suerte desigual. Algunas fueron sacadas de Rusia, ocultas de diferentes formas. Otras fueron incautadas por el régimen soviético que vendió una parte en el extranjero para financiarse y guardó otras en el Fondo de Diamantes de Rusia. Y a algunas se les perdió la pista para siempre, seguramente robadas, desengastadas y vendidas al mejor postor.
Las joyas imperiales de los Romanov que se salvaron de la Revolución Rusa y llegaron a París
La Gran Duquesa Vladimir nació en Alemania con el nombre de Marie de Mecklenburg-Schwerin y años después se casó con el Gran Duque Vladimir, un hijo del zar Alejandro II. Esta mujer, tía política del zar Nicolás II, tenía una de las colecciones de joyas más conocidas, admiradas y valiosas de la realeza europea.
Cuando en 1917 estalló la Revolución Rusa, se empeñó en sacar del país buena parte de ella y evitar que fuera objeto de pillaje o fuera incautada por el nuevo gobierno. Pero no era algo que pudiera hacer sola. Con ayuda de un amigo de la familia disfrazado, el comerciante de arte y antigüedades británico Albert Stopford, las sacó de Rusia.
Y así llegaron a París, donde algunas de ellas se tuvieron que vender para sufragar los gastos de la Gran Duquesa y su familia en el exilio.
También a París llegaron exiliados la princesa Irina, su sobrina nieta política, y el esposo de ésta, el príncipe Félix Yusúpov, llevando consigo piezas como el famoso diamante Estrella Polar. Aunque no eran exactamente joyas imperiales de los Romanov, sino de su propia colección privada. Pero al ser parientes se entienden como parte de las joyas aristocráticas que se salvaron de la Revolución Rusa.
Otros salvadores de las joyas imperiales de Romanov en tiempos de la Revolución Bolchevique
Las de la Gran Duquesa Vladimir no fueron las únicas joyas imperiales que tras el inicio de la Revolución Rusa salieron del país.
La Gran Duquesa Xenia Alexandrovna Romanov, logró sacar de Crimea tras el fusilamiento del zar y su familia importantes joyas imperiales rusas cosidas en la ropa de la familia. Era la mayor de las dos hijas del zar Alejandro III (y cuarta de sus hijos en total) y uno de sus yernos fue el asesino de Rasputín. Llegó a Inglaterra, donde atravesó serias dificultades económicas y tuvo que malvender sus joyas.
También se llevó al exilio dos voluminosos álbumes con 925 ilustraciones de parte de las joyas que una vez tuvo y quién se las regaló, entre ellos los cuatro parures que le regaló Alejandro II por su boda o un magnífico collar de perlas de cinco vueltas. Estos álbumes sirvieron a los estudiosos para identificar el origen de algunas joyas famosas expoliadas, sacadas de contrabando o robadas tras la Revolución Rusa.
Muy distinto fue el caso de la madre de Xenia, la emperatriz viuda María Fiódorovna, que logró escapar de Rusia en 1919 a bordo del buque británico HMS Marlborough llevando consigo una caja de joyas y vivió en el exilio entre Inglaterra y Dinamarca. No vendió ninguna de esas joyas para sorpresa de sus herederos, quienes lo descubrieron tras su muerte en 1928. Entre las joyas salvadas había varios collares de perlas de distintos números de vueltas y broches de diamantes y perlas.
¿Y qué pasó con las joyas imperiales de los Romanov que no salieron de Rusia tras el asesinato del zar y su familia?
Algunas fueron robadas y no se sabe nada de ellas. Lo más probable es que se desengastaran para vender por separado sus gemas y metales preciosos. Pero, por fortuna, no fue así con todas. Algunas piezas incautadas por el nuevo gobierno se vendieron en el extranjero y otras se guardaron celosamente en las bóvedas acorazadas del estado, donde aún se conservan.
Entre ellas destaca una de las grandes joyas históricas de los Romanov, la famosa Gran Corona Imperial rusa, una pieza única y fastuosa creada por el joyero de la corte, George Friedrich Ekart y el artesano de los diamantes Jérémie Pauzié, decorada con 4.936 diamantes, grandes perlas blancas y una espinela de casi 399 quilates. Y también la tiara kokoshnik de María Fiódorovna, con diamantes de diferentes tallas y tamaños, incluidos unas briolette móviles en forma de pera alargada y un diamante rosa pálido de 13,35 quilates.
Algunas de las joyas imperiales de los Romanov salvadas de la Revolución Rusa más famosas y quienes fueron sus nuevos propietarios
Durante años las socialités más adineradas, miembros de la aristocracia europea, joyeros y comerciantes de renombre y otras personas adquirieron algunas de las joyas imperiales de los Romanov rescatadas de Rusia. La mayoría a un precio muy inferior a su valor real, aprovechando la necesidad de quienes las vendían.
¿Quieres conocer las más famosas?
- El colgante de María Fiódorovna que pasó a manos de Lady Deterding, quien también se hizo con el diamante Estrella Polar que hemos mencionado antes.
- La tiara de perlas y diamantes de la Duquesa de Marlborough que supuestamente había pertenecido a la familia imperial rusa y no pudo ser sacada del país por María Fiódorovna. Y décadas después perteneció a la controvertida Imelda Marcos.
- La gargantilla de varias hileras de perlas y un gran zafiro central que María Fiódorovna sacó de Rusia en 1919 y pertenece hoy en día a la Corona Británica.
- La famosa tiara Vladimir comprada por la Reina María de Teck, abuela de Isabel II, quien la heredó y la lució en varias ocasiones, posando con ella para el retrato oficial de 1959, en el que también lucía uno de los collares victorianos que perteneció a su tatarabuela la Reina Victoria.
- La tiara de oro y esmeraldas de estilo indio que adquirió Barbara Hutton y con la que fue fotografiada por Cecil Beaton.
- El parure de esmeraldas y diamantes de Bulgari que Elizabeth Taylor recibió de Richard Burton y que incluía algunas de las gemas de María Pavlovna.
- La Corona Nupcial de los Romanov que, tras pasar por varios dueños, fue adquirida en 1966 por Marjorie Merriweather Post.
- La tiara de zafiro estilo kokoshnik de Cartier que fue de la Gran Duquesa Vladimir y adquirió la reina consorte de Rumanía.
¿No te parece una historia apasionante? Una casi se lo imagina como en una gran película antigua en blanco y negro. Y es que, como se suele decir, la realidad supera a la ficción.
¿Conocías esta historia? ¿Cuál de las joyas de los Romanov te resulta más interesante o despierta más tu curiosidad?
Carola López-Linares
Carola del Alisal López-Linares es CEO de Vintage by López-Linares. Licenciada en ADE por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Marketing por la Universidad de California, Berkeley, cuenta con experiencia internacional en el sector del marketing digital, estrategia de marca y analítica de datos.
Antes de liderar la empresa familiar, trabajó en España y Estados Unidos desarrollando campañas de publicidad y branding para compañías educativas, lifestyle y de gran consumo. Apasionada del marketing, la historia y la artesanía, hoy combina su visión estratégica con el amor por la joyería vintage para hacer de Vintage by López-Linares una marca de referencia.
En este blog comparte su conocimiento sobre joyas, inspiración histórica, tendencias y el día a día detrás de una firma con alma.


