El verde venenoso en la ropa

¿Te imaginas que coser un vestido de un determinado tono de verde te pudiera ocasionar la muerte? En el S. XIX no hacía falta imaginarlo porque era una realidad, aunque hubo de pasar un tiempo antes de que se identificase el verde venenoso en la ropa como el asesino silencioso que era.

También para las damas que llevaban esas prendas era un peligro que podía provocar problemas para respirar y otras dificultades, que si se unían al uso de los corsés asfixiantes podían ser fatales para su salud.

En Vintage by López-Linares nunca nos gustó el dicho popular que afirma que para presumir hay que sufrir. Entendemos la moda y el verse bien como algo para el disfrute personal, que ayuda a sentirse bien, que reporta alegría y felicidad. Aunque en el caso de las costureras, damas y acompañantes de la época victoriana no fuera una elección sino que desconocían el riesgo que suponía para ellas.

Si te resulta tan intrigante este tema como nos lo pareció a nosotras al descubrirlo, te va a sorprender todo lo que tenemos que contarte sobre ello.

¿Qué es el verde venenoso en la ropa?

A mediados del S. XIX se puso de moda un tono de color verde esmeralda brillante extraordinario muy llamativo, alegre y vibrante, muy diferente a otros tonos de verde empleados hasta entonces. Para teñir la tela de este color y lograr un buen resultado y muy duradero se creó una mezcla de productos que le conferían las características buscadas. Pero había un problema que nadie conocía en un principio: podía ser letal.

Y es que la mezcla se hacía con cobre, cobalto, estaño y arsénico, dando como resultado una gran toxicidad.

Si este color no hubiera triunfado en la sociedad de la época, seguramente hoy no estaríamos escribiendo sobre esto. Pero, por desgracia, gustó muchísimo. Así que se utilizó para teñir telas que se usaban sobre todo en vestidos de mujer. Pero no solo eso, también para guantes y zapatos. Además, con ello se teñían diademas y coronas de flores artificiales con el que las mujeres decoraban su cabello y ornamentaban sus ropajes.

Fue tal el gusto por este color que incluso se empleó en decoración, sobre todo en tapices que se colgaban de las paredes y como pintura para interiores. Incluso hay teorías que afirman que la muerte de Napoleón Bonaparte en Santa Elena se debió a respirar el polvo del pigmento con el que estaban pintadas las paredes de las estancias que habitaba.

En aquel momento nadie podía imaginar que el verde de moda era venenoso y podía llegar a causar la muerte.

Tipos de verde venenoso en la ropa

Hay dos tipos de verde venenoso: el originario y el que se creó a partir de él: el Scheele y el verde París, respectivamente.

  • Verde de Scheele, el color original, debe su nombre a su creador, el químico sueco Carl Wilhelm Scheele, que lo creó en 1775. Fue muy popular, hasta que, a mediados del siglo XIX, se fue conociendo que producía efectos corrosivos en el organismo, lo que llevó a que con el paso de las décadas se fuera abandonando su uso en el sector textil, dejando de emplearse para teñir telas y prendas de ropa.
  • Verde París o verde Schweinfurt, fue una evolución del anterior con una química mejorada. Era más brillante. Y también más duradero. Pero, como el anterior, era muy tóxico. Cuando se descubrió se prohibió su uso como tinte, aunque se siguió permitiendo hasta bien entrado el S. XX para otros usos, principalmente como potente insecticida y raticida, lo que da buena muestra de sus efectos para los organismos vivos.

Cómo afectaba el verde venenoso en la ropa a las personas

El tinte verde venenoso en la ropa no tenía los mismos efectos entre quienes pasaban horas cosiendo esas telas, quienes vestían las prendas resultantes o entre los empleados que se encargaban de su limpieza, planchado y cuidado.

Costureras: el riesgo letal de estar sometidas a horas de trabajo en contacto con el verde venenoso en la ropa

Las modistas y costureras fueron quienes más sufrieron los efectos del tinte verde de moda en el S. XIX. Trabajaban jornadas larguísimas, muchas horas en ambientes cerrados cortando, cosiendo, doblando y dando los toques finales a las prendas teñidas con esa mezcla venenosa.

Las condiciones laborales en el S. XIX no eran como en la actualidad. Las jornadas podían ser de hasta 14 o 16 horas en temporada alta y apenas había descansos. Se trabajaban los 7 días de la semana y las tareas eran manuales, sin máquina, por lo que el contacto con la tela era prácticamente constante y su cercanía al rostro, otro factor importante para entender el peligro que sufrían día tras día.

El trabajo de costurera era fácilmente reemplazable entonces en las grandes ciudades como Londres, donde había más mujeres deseando ser contratadas que trabajando. Así que no había muchas quejas por las condiciones, o al menos no las había públicamente.

Trabajar de forma habitual con telas teñidas con el verde tóxico hacía que inhalaran el polvo del pigmento verde y que afectaba a la piel, a los ojos y a la boca, causaba daños en pulmones y también en las mucosas de las fosas nasales. Las heridas visibles en la piel eran irreversibles. Y la toxicidad causaba vómitos de un horrible color verde.

Hay registrados distintos casos de fallecimientos de costureras envenenadas con arsénico.

Cuando se empezaron a conocer los efectos del pigmento venenoso de la ropa en las costureras y trabajadoras de los talleres textiles, algunas voces se alzaron para prohibir su uso. John Tenniel y John Leech lo hicieron a través de ilustraciones que denunciaban cómo las costureras sufrían y agonizaban hasta morir para que las damas se vieran bellas con las prendas que las primeras cosían, en publicaciones como Punch.

Efectos del verde tóxico en la ropa en el servicio doméstico

En las grandes casas, el servicio doméstico también padeció en distintos casos problemas causados por este pigmento tóxico. Claro que su contacto con las prendas que lo llevaban no era tan habitual y seguido como en el de las costureras, por eso los daños no eran letales.

Quienes más lo padecían eran el personal de lavandería y planchado. También las damas de compañía que se encargaban de vestir y peinar a las mujeres para las que trabajaban. El tinte era mortal, pero esa menor exposición les mantenía a salvo de sus efectos más graves.

Las mujeres que vestían prendas teñidas con verde Scheele y las personas a su alrededor

En realidad, tampoco las mujeres que llevaban prendas de ropa teñidas con verde Scheele se libraban de sus efectos, pues absorbían el tóxico a través de la piel. Por eso era más peligroso en las prendas que tocaban directamente la piel, como guantes o mangas, que en las faldas, ya que estas solían tener debajo otras prendas como enaguas y combinaciones. Y el efecto era mayor en ambientes en los que se sudaba, como los bailes, porque entonces la piel lo absorbía con mayor facilidad.

En menor medida también podían respirar polvo del pigmento que se desprendía de la tela con el uso, y que podía llegar incluso a las personas con las que compartían un espacio, como un salón de visitas o un baile de sociedad. Sufrían dolores de cabeza, desmayos y vómitos y problemas al respirar que se achacaban a otras causas.

Un uso habitual de estas prendas podía llegar a causar daños en los órganos internos.

¿Cómo se supo que el verde venenoso en la ropa causaba muertes?

El descubridor del misterioso asesino no fue un detective al estilo de Auguste Dupin o Sherlock Holmes, sino un médico de Birmingham llamado William Hinds. Su estudio en casa estaba empapelado con una tonalidad de verde roble. Era un lugar al que acudía al terminar su trabajo en la consulta, un espacio que usaba casi cada día. Se dio cuenta de que con frecuencia se encontraba indispuesto, con dolores de cabeza, pero cuando dejaba el estudio para ir a su dormitorio, al poco rato el malestar disminuía.

Eso le hizo pensar que el causante de su malestar era algún tipo de tóxico ambiental presente en el estudio. Así que empezó a hacer pequeños cambios y observar. Cuando se deshizo del papel pintado y puso otro con una tintura diferente, no volvió a sentir esos síntomas.

Sin embargo, pasaron décadas hasta que se prohibió el uso del pigmento con arsénico.

¿Cuándo se dejó de usar el verde Scheele en la moda?

El punto de inflexión fue en 1861, a raíz de la muerte de una joven trabajadora de 19 años, Matilda Scheurer, que fabricaba flores artificiales que decoraban la vestimenta, espolvoreándolas con este pigmento para teñirlas. Murió en lo que entonces se denominaron condiciones extrañas. Sus uñas y ojos tenían un inusual color verdoso igual al de la bilis que le había salido por la boca.

Se pidió el pronunciamiento de la comunidad científica de la época al respecto. Pero pese al conocimiento de lo ocurrido, el tinte verde venenoso se siguió utilizando.

En 1879, después de un episodio en el que varios dignatarios enfermaron, la reina Victoria ordenó retirar todo resto de él en las paredes del Palacio de Buckingham.

¿Conocías esto o te ha sorprendido? Si algo nos queda claro, es que no siempre se ve de dónde viene el peligro y que para lucir un verde bonito, mejor elegir esmeraldas.

Carola López Linares
Carola López-Linares

Carola del Alisal López-Linares es CEO de Vintage by López-Linares. Licenciada en ADE por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Marketing por la Universidad de California, Berkeley, cuenta con experiencia internacional en el sector del marketing digital, estrategia de marca y analítica de datos.

Antes de liderar la empresa familiar, trabajó en España y Estados Unidos desarrollando campañas de publicidad y branding para compañías educativas, lifestyle y de gran consumo. Apasionada del marketing, la historia y la artesanía, hoy combina su visión estratégica con el amor por la joyería vintage para hacer de Vintage by López-Linares una marca de referencia.

En este blog comparte su conocimiento sobre joyas, inspiración histórica, tendencias y el día a día detrás de una firma con alma.

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